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CONCIERTO EN HOMENAJE AL TENOR ALFREDO KRAUS

Organizada por la Asoc. Amigos de Alfredo Kraus de la Argentina

concierto homenaje(Por orden de aparición)
María del Rocío Giordano, Soprano
Nicolás Secco, Bajo
Laura Polverini, Soprano
Ricardo Crapton, Barítono
Haydeè Dabusti, Soprano
Leonardo Pastore, Tenor
Soledad Espona, Soprano
Ernesto Bauer, Barítono
Oriana Favaro, Soprano
Piano: Mtro. César Tello
Presentación: Jorge Luis Podestá
Auditorio Arévalo del Consejo Profesional de Ciencias Económicas, Buenos Aires
10 de Septiembre de 2010

MAESTROS Y ALUMNOS
Los Conciertos organizados por la Asoc. Amigos de Alfredo Kraus de la Argentina ya se han transformado en un clásico de nuestro medio y una buena ocasión para, junto con el homenaje al inolvidable tenor canario, escuchar a las voces que están sonando en Buenos Aires.
El encuentro prometía un programa sustancioso, con todo lo que de comprometido trae el afrontar arias que el oyente guarda en su memoria, y a veces en el corazón, por tantos nombres ilustres.
Interesante desafío para el regusto de aquellos  cantantes más fogueados en los escenarios y también para medir a los que inician el camino.
Y es que en un Concierto dedicado a Kraus, ya su nombre nos remite al concepto de Maestro y de allí en más seguir la huella...
Entre las Sopranos que intervinieron esta noche, María del Rocío Giordano nos volvió a entregar una muy interesante lectura del aria de Micaela de "Carmen" de Bizet, rol que ha frecuentado en escena y del que es una interesante intérprete, y una estupenda "Adieu, notre petite table..." de "Manon" de Massenet.
En este aria Giordano supo entregar sutileza y dramaticidad medidas con buen gusto. Su voz corrió fresca y grata, recibiendo la aprobación del auditorio.
Laura Polverini se enfrentó a dos fragmentos muy acordes a su capital y bordó el vals de Juliette de "Romeo et Juliette" de Gounod y el aria de la sombra de "Dinorah" de Meyerbeer con talento.
Segura en las coloraturas, con sobre agudos limpios y bien colocados, grata en los pasajes líricos, confirmó sus valores una vez más.
La Sra. Haydee Dabusti volvió a presentarnos su lectura del "Ebben ne andrò lontana..." de La Wally de Catalani, un aria en la que sabe lucir sus virtudes, con una intención dramática y un lirismo parejos, su voz supo servir con soltura la pieza, la que se adapta a la perfección a sus medios.
Su canto franco, de una italianità sutil, como requiere el menos italiano de los compositores de aquella escuela, ganó los aplausos del público con justicia.
El aria "Chi il bel sogno di Doretta..." de La Rondine de Puccini fue la carta de presentación esta noche para Soledad Espona, quién supo brindarnos una grata versión en la que, tal vez, se desearía una media voz aqui y allá para enriquecer la pieza, bella de por si, sin dudas.
Su versión del "Vocalise" de Rachmaninof fue toda nostalgia y ensoñación.
Una gratísima impresión causó Oriana Favaro tanto en su interpretación del aria "Regnaba nel silenzio..." seguida por su Cabaletta, como de "Meine lippen sie kussen so heib..." de Giuditta de Lehàr.
En dos piezas tan disímiles supo mostrar su acertado instinto dramático, y una voz bella que corre con soltura, de grato timbre y que no rehuye las dificultades.
El bajo Nicolás Secco, tal vez convendría hablar de un bajo-barítono, reciente ganador del Concurso de la Ópera de San Juan, nos presentó Verdi por partida doble con el aria de Procida de I Vespri Siciliani y con la de Banquo de Macbeth.
De bello timbre, aunque no tan profundo como se desearía para este repertorio, cumplió una destacada labor.
Ricardo Crampton, a quién recientemente escucháramos en el Marullo del Rigoletto platense, volvió a refrendar su calidad con una estupenda línea de canto legato, un bello timbre y buena dicción tanto en el "Resta immobile..." del Guglielmo Tell de Rossini, como en la despedida de Posa del Don Carlo con la que recibió una cerrada ovación.
Barítono también es Ernesto Bauer y se midió con "Cruda funesta smania..." seguida por su Cabaletta de Lucia di Lammermoor y el "Largo al factotum..." del rosiniano Barbiere.
Su voz grata aunque no pareja en todo el registro, de fáciles agudos y grato color, nos encantó en Rossini tanto más que en Donizetti.
Leonardo Pastore lució sus valores en "La roca fría del Calvario..." de La Dolorosa de Serrano, cantada con un buen gusto envidiable.
La pieza,que tantas veces cantara don Alfredo, encontró en Pastore un intérprete sincero de grato timbre, delicadas medias voces, y limpio caudal.
A él junto con Haydee Dabusti les correspondió el cierre con un valeroso Dúo de Un Ballo in Maschera.
Allí Dabusti cantó en su salsa y Pastore acompañó en un rol que no es, al menos aún, de los que mejor le sientan.
La velada no olvidó la proyección de dos interpretaciones magistrales de Kraus y un emocionado y merecidísimo homenaje al recientemente desaparecido tenor Eduardo Ayas quien supo honrar el arte y la vida con su talento de artista y de ser humano.
El acompañamiento del Mtro. César Tello resultó muy apropiado. Supo servir, arropar, crear clima, y dejar en nuestros oídos la belleza de tanta música.
En síntesis. Maestros: Kraus, desde luego, y también quienes ya tienen ganado y con mucho mérito, un lugar e nuestros escenarios.
Alumnos: quienes con su talento y a fuerza de talento, trabajo, compromiso y una pizca (a veces muy necesaria) de fortuna, resultan toda una promesa para la lírica en este rincón del mundo.

Por el Prof. Christian Lauria

para www.operaintheworld.com