| I DUE TIMIDI |
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EXCELENTE VERSION DE UNA OPERA POCO CONOCIDA DE NINO ROTAI DUE TIMIDI DE NINO ROTA SALA PIAZZOLLA DEL TEATRO ARGENTINO 15-12-11 Dirección musical Guillermo Brizzio y dirección de escena, escenografía e iluminación Pablo Maritano. Reparto Federico Demichelis (Narrador), Silvina Petryna (Mariuccia), Darío Leoncini (Raimondo), María Luisa Merino Ronda (Señora Guidotti), Maximiliano Agatiello (Doctor Sinisgalli), Cecilia Pastawski (Madre de Mariuccia), Enzo Romano (Vittorio), Patricia Deleo (Lucia), María Bugallo –artista invitada- (María), Silvina Petryna (Lisa) y Santiago Ballerini (un pensionista). Pianistas Luz María Suárez Pepe y Andrés Peláez. Sobretitulado a cargo de Mónica Zaionz. Con la colaboración de alumnos de TA-Escuela (Escuela de Arte y Oficios del Teatro Argentino) Conocido fundamentalmente por su música para películas, Nino Rota compuso también música para orquesta, piano y varias óperas. De ellas la más difundida es sin dudas “El sombrero de paja de Florencia” de 1946.Sus magistrales trabajos junto a nombres como Federico Fellini, Luchino Visconti y Franco Zeffirelli, entre otros, hasta llegar a la banda de sonido del “El Padrino”, para Francis Ford Coppola, parecen haber opacado el resto de su obra. Sin embargo sus trabajos operísticos son sumamente interesantes argumentalmente y con una base musical que, aunque algo fuera de época, no deja de tener su encanto. Tuve la suerte de ver, además de la nombrada, “La noche de un neurasténico” de 1959 en el Teatro Bellas Artes de México y realmente es un hallazgo de imaginación y sería muy interesante verla en Buenos Aires. El Teatro Argentino de La Plata, conmemorando los 100 años del nacimiento del Maestro Rota, puso en escena en la Sala Astor Piazzolla , interpretada por la Opera Estudio 2011, la Opera radiofónica “I due timidi”, compuesta en 1950, especialmente para la RAI. Desde ya debo decir que fue un gran acierto y una excelente versión. La parte musical, sencilla pero emotiva, aunque se trata de una ópera de corte “buffa”, presenta por momentos reminiscencias puccinianas. Aquí realizó un muy buen trabajo el Maestro Brizzio, acompañado por dos excelentes pianistas, Luz María Suárez Pepe y Andrés Peláez. La puesta de Pablo Maritano tuvo nivel de excelencia. Ambientada en un estudio de radio de la época, los cantantes representaban actores de radioteatro y ellos mismos producían los sonidos ambientales. Todo funcionó como gran precisión, cada personaje tuvo una marcación exacta y los noveles cantantes respondieron en excelente forma. En realidad convirtió la coqueta sala en un verdadero estudio radial, donde el público presente – como ocurría en esas épocas – colaboró con aplausos o silencios, cuando eran requeridos. Todo acompañado con un correcto vestuario de época, los elementos escenográficos necesarios y una muy buena iluminación. Un más que valioso trabajo. Del parejo y eficaz elenco cabe destacar el narrador de Federico Demichelis. Con una voz de muy bello timbre, excelente dicción y totalmente en personaje, su trabajo fue de gran mérito. Darío Leoncini mostró un interesante timbre de voz, soltura interpretativa e interesante sector agudo. Su centro y grave deben ser fortalecidos, pero fue otra prestación muy positiva.Silvina Petrina, con una agradable voz de soprano, cantó con soltura y considerable volumen. Tal vez deba trabajar algo más el sector agudo y poder colocarlos más en la máscara. Le dio buen carácter a su – finalmente – padecida Mariuccia. Marisa Luisa Merino Ronda caracterizó en forma impecable a la signora Guidotti, luciendo además una voz de más que interesante timbre, buen manejo vocal y considerable volumen. Como dijimos, cada uno del resto del elenco merecería ser nombrado, todos cumplieron con gran eficacia los papeles asignados. Y no podemos perder de vista que las imperfecciones planteadas solo tienen el fin de contribuir a una mejora, ya que se trata de jóvenes cantantes con muy poca experiencia y en pleno desarrollo. Lo importante es haber notado un excelente nivel a ser desarrollado. Es de lamentar que, a pesar de asistir bastante público, la sala no estaba llena, incluso tratándose de una función gratuita y de un título que difícilmente pueda verse con facilidad. Fue realmente una función para atesorar, en un año que operísticamente no hubo muchas oportunidades para ello. Solo un pequeño lunar, que no llegó a empañar la función pero que fue totalmente innecesario. El Maestro Maritano, de excelente nivel como puestista, salió al principio de la función en función de locutor. Con ropa actual, voz lejana a la requerida y leyó no solo el reparto sino también el argumento, todo esto estaba en el muy lindo programa de mano, había sobretitulados y Il narratore contaba paso a paso lo que iba ocurriendo. Este papel hubiera sido sin dudas mucho mejor interpretado por el nombrado Demichelis. Pero- según dicen – los gustos hay que dárselos en vida y debemos tomarlo como un guiño del reggisséur. Para una próxima oportunidad les aconsejo que no dejen de concurrir, de mantener la calidad de lo visto no saldrán defraudados. Mis felicitaciones a todos los que han participado de este proyecto. Dr. Alberto Leal |
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| La Viuda Alegre |
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“LA VIUDA ALEGRE” DE Franz Lehár
Franz Lehár, austriaco de nacimiento pero de ascendencia húngara, produjo 19 obras, siendo “La Viuda Alegre” su quinta composición y la que sin duda logró trascender hasta el presente como modelo en su género. Luego de padecer durante años versiones en español, que desnaturaliza la obra y no dejan de filtrar un sabor a zarzuela, es de celebrar que el Teatro Colón brindará la versión original en alemán, ganando la obra considerablemente, como lo hizo Juventus Lyrica años atrás. Siempre he creído que para cierre de una temporada, y en época estival, una obra más leve, argumental y musicalmente, es lo más adecuado y el público que concurrió el domingo pasado, en su mayoría turistas o gente no habitué del Colón, celebraron esta función. Con una puesta "art nouveau" de singular belleza creada por estadounidense Michael Yeargan en el 2001, un magnífico vestuario de Mini Zuccheri , siempre elegante y en estilo, y una excelente iluminación de Roberto Traferri, la parte visual fue un regalo para la vista. Desgraciadamente no tuvimos la misma suerte en la parte musical y vocal. El maestro Gregor Bühl brindó una versión de trazos gruesos, tiempos acertados pero carente de sutilezas, que la partitura reclama, y con poco cuidado en la relación foso escenario. Seguramente un Director más relacionado con el género hubiera sacado mucho más partido de la misma. El Coro realizó una buena tarea, dentro del marco musical explicitado, mostrándose por momentos un poco estático, problema atribuible a la Reggie de Candace Evans. Ella supo mover con sentido a los solistas, ayudada en la mayoría de los casos por el buen sentido actoral de los mismos. Hubo buenos desplazamientos y algunos “gags” que fueron festejados. Por momentos el Coro permaneció totalmente estático no favoreciendo a la puesta como un todo. Rodolfo Lastra ideó una muy buena coreografía que fue ejecutada con brillantez por el Ballet estable, tanto en las primeras escenas como en el explosivo Can- Can. Un muy buen trabajo. Solveig Kringelborn, quien posee una muy buena figura y se mueve bien como actriz, está lejos de sus buenos tiempos vocales. Su cantó sonó desparejo, con un centro casi inaudible, agudos destemplados y un persistente vibrato en toda su extensión. Después de un año donde se repitieron muchos errores de casting me sigo preguntándome como el Teatro Colón hace las contrataciones…Creo que en nuestro medio varias sopranos pueden hacer un más decoroso papel del rol e internacionalmente cientos. Por lo menos un misterio…sin indagar más… Lyuba Petrova, a quien ya habíamos apreciado como una correcta Pamina, se mostró más cómoda en Valencienne. Cantó con seguridad, buena afinación, aunque su volumen parece no ser el más indicado para una sala como la del Teatro Colón, moviéndose bien como actriz. Matthias Hausmann, como Danilo, fue sin dudas el elemento más positivo del elenco. Posee una importante voz de barítono lírico, canta con buena técnica, preciso estilo y es un muy buen actor. Redondeó un trabajo ponderable y lo mejor desde el punto de vista vocal, ayudado además por su buena presencia escénica. Otro punto positivo de la representación fue el tenor Benjamin Bruns (Camille de Rosillon), poseedor de una buena voz de tenor lírico-ligero, considerable volumen y un canto libre, en estilo y excelente fraseo. Reinhard Dorn, (Barón Mirko Zeta), un bajo de larga trayectoria, cantó en buena forma y realizó una lograda composición del personaje. Del amplio elenco cabe destacar a Gustavo Zahnstecher, acertadísimo Njegus, mostrando un gran despliegue actoral. El resto del elenco local cumplió con corrección, adaptándose muy bien a un estilo al que no están acostumbrados. Marisú Pavón (Zozó), muy desenvuelta pero en una parte tal vez algo grave para su registro, Alejandro Meerapfel (Kromow), Norberto Marcos (Vizconde Cascada), Leonardo Estévez (Pritschitsch), Ernesto Bauer (Bogdanowitsch), Carlos Ullán (Raoul de St. Brioche) y Rosemarie Klingenhagen (Praskowia) entre otros. Una versión de “La Viuda Alegre” que no quedará en los anales del Colón, la Opera es básicamente canto y música y una muy buena versión visual no puede compensar otras falencias. Pero Lehár se presta para pasar un rato agradable y tratar de pensar poco en la muy cuestionada próxima temporada. Dr. Alberto Leal
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| Don Carlos |
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Estreno sudamericano de la versión original en cinco actos cantada en francés.Libreto de Joseph Mery y Camile Du Locle, basado en el drama “Don Carlos, Infant von Spanien” de Friedrich Schiller Música de Giuseppe Verdi TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA 18-11-11
Un gran desafío constituyó para el Teatro Argentino la presentación, en carácter de estreno Sudamericano, de la gran ópera de Verdi “Don Carlos” en su versión francesa de cinco actos, cantada en el idioma original. Es la ópera más larga del Maestro y la que más modificaciones tuvo. Fue estrenada en el Teatro Imperial de la Opera el 11 de marzo de 1867, por encargo de la Opera de París para la Exposición Universal del mismo año. Por ese motivo fue concebida como una Grand Opera francesa, con ballet incluido en el tercer acto, como era de rigor. A pesar de la belleza de la misma no fue bien acogida en su estreno, tal vez por la presencia en la sala de la Infanta española y la parcial veracidad de los hechos por parte del libro original de Schiller. Mucho camino y modificaciones sufrió la obra hasta ser estrenada en la versión italiana en el Teatro La Scala de Milán el 10 de enero de 1884 y ésa es la versión más representada hasta la fecha. Aunque en el último tiempo varios teatros – básicamente europeos – han presentado la versión francesa. Luego del “Tristán e Isolda” y ahora “Don Carlos”, el Teatro Argentino ha demostrado palmariamente que se encuentra en condiciones de ampliar su repertorio sin límites a la vista. Don Carlos (o Don Carlo) es una maravillosa ópera, con un estupendo nivel musical y una trama agobiante, donde amores contrariados se entreveran con el absolutismo y el fuerte peso de la Santa Inquisición. Es una obra que requiere una gran Orquesta y Coro y por lo menos cinco cantantes de auténtica fibra verdiana. Alejo Pérez condujo la Orquesta en excelente forma, perfecto estilo, tiempos adecuados y certero balance entre foso y escenario. Y la misma le respondió en todo momento. Sin dudas se ha convertido en uno de los mejores directores de opera de nuestro medio. Gran trabajo. El Coro fue otro puntal de esta representación, aunque en algunos momentos no fue favorecido por la puesta. Pero su trabajo nunca bajó nivel de excelencia. La puesta fue menos convincente. Partiendo de la trillada idea del teatro dentro del teatro y moviéndose dentro de la pesada, preciosista - y algo anacrónica – escenografía creada por Enrique Bordolini, que además presentaba serios problemas de movilidad cada vez que había que correr alguna de las imponentes gradas, Francesco Esposito combinó aciertos y desaciertos en igual medida. Las escenas intimistas perdieron su carácter y su fuerza al estar siempre presente otros personajes en los palcos y fue realmente inexplicable ver salir a la Princesa Eboli de la cama de Felipe II, a la vista de Élisabeth, con lo cual pierde todo sentido el aria “Ah! Je ne verrai plus la Reine!”. Pero movió con bastante acierto a los cantantes y mantuvo el clima de opresión exigido, con la salvedad de los momentos nombrados. El vestuario tuvo también fluctuaciones, desde trajes realmente impactantes y muy bien logrados a cuadros completos en colores totalmente monocordes.Desde el punto de vista vocal Carla Filipcic Holm brindó una estupenda Élisabeth desde todo punto de vista. Con espléndido timbre, perfecta técnica y afinación, un canto pleno de matices y potente volumen, brindó una inolvidable «Toi qui sus le néant des grandeurs de ce monde», siendo ovacionada por el público. Un trabajo para atesorar. Luca Lombardo no posee el tipo de voz más adecuado para el rol de Don Carlos y su timbre no es de los más agradables, sobre todo en la zona aguda. Pero cantó toda la ópera con ímpetu, con correcta línea de canto y – gracias a que tiene una voz plena de armónicos - se escuchó durante toda la representación, aunque no posee un gran volumen, llegando al final de la misma en buena forma vocal, lo que no es poco debido a las exigencias del rol. Rubén Amoretti posee una bellísima voz de bajo, cantando con buena línea, pero su canto es poco matizado y sus posibilidades actorales nulas. No logró conmover en ningún momento ni imponerse cuando era necesario. Realmente una pena dado al valor de su timbre y la facilidad de su canto. Krum Galabov, muy desenvuelto como actor, posee una voz de buen caudal y timbre en la zona aguda. Canta con buena línea y gran entrega, pero su centro y grave se tornan opacos y por momentos poco audibles. De todas formas generó un personaje totalmente creíble. La mezzo rusa Elena Sommer es poseedora de una agradable voz central, de regular volumen. La extensión de la misma no parece hacerla adecuada para este rol donde graves notables y agudos expuestos son imprescindibles y ella no los posee. Tampoco, aunque desenvuelta, fue convincente como actriz. José Antonio García brindó un correcto Inquisidor. Destacándose del resto del elenco el bien cantado Thibault de Fabiola Massino, la exquisita “ Voix du Ciel” de Victoria Gaeta y el Monje de Mario De Salvo. Pero con sus más y su menos es una función que debe ser vista por los amantes de la ópera, una versión que seguramente no se vuelva a repetir por largo tiempo y el acercamiento a un Verdi que en cualquiera de sus versiones siempre es maravilloso. Lamentablemente en la función que asistí la sala estaba con muy poco público, triste. El gran esfuerzo del Teatro Argentino debe ser premiado por todos los que llevamos la ópera en el alma. Por el Dr. Alberto Leal
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| Macbeth |
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Muy buen cierre de Temporada de Buenos Aires Lírica
BUENOS AIRES LIRICAMacbeth – Giuseppe Verdi Libreto de Francisco María Piave 11-11-11
Macbeth, espléndida ópera de Verdi, siempre trae aparejado un riesgo debido a su dificultad vocal, musical y escénica. Buenos Aires Lírica la eligió para cierre de su actual temporada, siendo la segunda vez que es parte de una de las mismas, la anterior fue en 2004. Estrenada originalmente en el Teatro della Pergola de Florencia el 14 de marzo de 1847, con notable suceso, fue reelaborada por el Maestro para París, donde fue estrenada – en francés - en el Teatro Lírico Imperial el 21 de abril de 1865. Luego fue traducida al italiano y estrenada en el Teatro alla Scala de Milán en 1874 y es la versión que se representa habitualmente.Tal vez los casi 20 años que pasaron desde su estreno original y su reedición en 1865 la tornan una opera mucho más lejana en estructura a otros títulos contemporáneos del autor. Ya en 1865 se encontraba en plena madurez creativa, y los cambios introducidos para la versión francesa – luego traducidos al italiano – ballet incluido, la convierten en una obra única y con un valor dramático notablemente. Todo nos lleva a pensar que trató de dejar las convenciones de lado - tanto musical como dramáticamente - acercándose lo más posible a su admirado Shakespeare, en su primer trabajo basado en forma directa en el dramaturgo inglés. Aquí no hay una historia de amor - tradicional en la época - ni un tenor con papel preponderante. Luego de su estreno en la Scala fue olvidada o poco frecuentada por muchos años pero, a partir de su estreno en el Metropolitan en 1959 se ha convertido en una ópera de repertorio en los principales teatros del mundo, cosa totalmente lógica debido a sus méritos. Buenos Aires Lírica presentó una muy buena versión, considerando que fue representada por un elenco totalmente local. El Maestro Javier Logioia Orbe dirigió la Orquesta con buenos tiempos, algunos pequeños desajustes serán seguramente corregidos con el correr de las funciones. Tal vez un poco más de dramatismo verdiano hubiera favorecido la versión. La Orquesta respondió en buena forma y solo es la lamentar algunos momentos de desajuste con el Coro. Pero en general fue un trabajo profesional y positivo. Dentro de una bella y despojada escenografía de Nicolás Boni y excelente vestuario de Daniela Taiana, con la cualidad de dar época y lugar solo con pequeños detalles, el responsable de la puesta en escena, Fabian von Matt combinó aciertos y desaciertos. Desde el primer cuadro, donde cumpliendo con lo que dice Shakespeare empleó tres bailarinas para el cuadro de las brujas, cantando el coro en forma interna, lo que no deja de tener su interés en acercarse a la obra original, pero por otro lado hubo notables marcaciones caprichosas, escenas que el espectador no puede ver, solo imaginar y un notable abuso del telón transparente de boca lo mismo que las rejas. Tampoco creo, conociendo a los cantantes, que la marcación de los mismos fuera la más adecuada.Lo vocal tiene un papel súper importante en esta obra y el nivel de calidad nunca bajó de lo efectivo. Mónica Ferracani en el temible papel de Lady Macbeth, sigue siendo para mí una soprano lírica con un volumen y extensión fuera de lo común. Recorrió la partitura sin mayores problemas aparentes y fue correcta como actriz, aunque faltó algo más de ferocidad que el rol requiere. Algunos agudos de escucharon algo tirantes, pero cantar Lady Macbeth como está escrito es desde ya un gran mérito que debe ser valorado. Su voz no coincide con lo que pedía Verdi “Quiero una Lady con la voz áspera, sofocada, sombría “. Pero su prestación en general fue ampliamente meritoria, reconocida por el público asistente y uno de sus mejores trabajos que le he visto en lo personal. Luis Gaeta nunca ha tenido la voz para Macbeth, ya que es un barítono lírico. Pero siempre ha sabido compensar, cuando aborda roles más dramáticos, con su excelente nivel actoral. Creo que el viernes pasado no se encontraba en su mejor forma vocal. Logró emocionar en algunos pasajes pero su canto careció de los matices a los que nos tiene acostumbrados y su actuación fue correcta, cosa rara en un actor de su envergadura. Aquí surge – como siempre – cuanto es debido a la marcación y cuanto al artista. Pero un cantante con su trayectoria y todo lo que nos ha brindado nunca defrauda, podrá estar más o menos brillante, pero siempre es una garantía dentro de cualquier elenco. Christian Peregrino, con su hermosa voz de bajo, su impecable línea de canto y su sobriedad como actor fue sin duda la figura más completa del reparto. Además, ayudado por su excelente presencia, fue un hallazgo en sus apariciones mudas en el resto de la representación. Y se convirtió en el personaje más creíble de la representación. Bravo! Arnaldo Quiroga desplegó sus dotes de tenor lírico, canto franco, sin problemas técnicos y con segura afinación. Tal vez su estilo fue algo más verista de lo requerido, pero su desempeño fue positivo para la representación. Nazareth Aufe fue un excelente Malcolm, y manteniendo el mismo nivel de excelencia el resto del reparto. Por momentos excelente el desempeño del Coro, si no lució más en algunos fragmentos, creo que la puesta en escena fue determinante. Un muy buen cierre de temporada, una obra que por sus valores y el nivel de representación debe ser vista. No tenemos Macbeth con mucha frecuencia y esta versión no es para desaprovechar. Muy buen cierre de Buenos Aires Lírica Por el Dr. Alberto Leal
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| El Murciélago |
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Brillante cierre de temporada de Juventus LyricaEl Murciélago (Die Fledermaus) de Johann Strauss (h) Libreto de RICHARD GENÉE Y KART HAFFNER Intérpretes
Con una deliciosa versión de la clásica opereta “El Murciélago”, Juventus Lyrica dio cierre a su temporada anual.Sin dudas es la opereta más famosa y representada en el mundo y cuya extensa obertura es una pieza fundamental para el público en general. La versión, cantada completamente en idioma original, cosa que no pasaba hace un tiempo en nuestro país, donde las operetas eran cantadas en español o por lo menos las partes habladas, generando siempre un sabor a zarzuela, es el primer mérito de los muchos que esta puesta posee. Desde el principio se siente que ha sido concebida con libertad, como ocurre con el género en cualquier gran teatro del mundo, se ha incluido – cosa no habitual en nuestro medio, pero si en el resto del mundo, invitados en la fiesta del Príncipe Orlofsky y se vio en todo momento el disfrute de los cantantes durante la representación. El Maestro Carlos Calleja brindó una versión siempre en estilo, con excelentes tiempos y muy buen balance entre foso y escenario. La Orquesta, más allá de algunos pequeños desajustes respondió de manera muy positiva. Daniel Feijóo creó una escenografía simple pero efectiva, notablemente despojada, muy agradable a la vista y dejando un muy buen espacio para el movimiento de los cantantes. Ana D’Anna – en uno de sus mejores trabajos del último tiempo – se permitió las licencias válidas aceptadas en este tipo de obras. Gags inteligentes y con fuerte repercusión por parte del público asistente, agregando con acierto a los guiños escritos por el compositor tanto en el papel de Alfred como en la Gala. María Jaunarena diseñó un vestuario aggiornado en la época, pero de notable buen gusto y que permitió a los cantantes moverse con mayor comodidad. Un excelente grupo de cantantes – actores dieron brillantez a esta versión. Macarena Valenzuela aportó la belleza de su voz, con un canto de notable afinación y estilo. Se movió muy bien en lo actoral, además de aportar su excelente figura. Un muy buen trabajo y donde pareció sentirse vocalmente más cómoda que en la Leonora de Il Trovatore de principio de este año. Mariano Spagnolo poseedor de excelentes dotes de comediante, generó un excelente Eisenstein. Canto con buena voz y volumen, un rol creado originalmente para tenor pero que en general es cantado por barítonos.Sebastián Russo lució una bella voz de tenor, una notable vena cómica y su actuación fue un pilar en el primer acto. Solo debería trabajar más el sector grave de su voz, donde no logra mantener el volumen del resto de su registro. Pero su trabajo como un todo fue notable. Laura Polverini como Adele cantó en forma excelente, su voz va creciendo en volumen sin perder su facilidad para la coloratura. A la belleza de su voz le unió su impecable técnica y fue correcta como actriz. En lo personal creo que, por temperamento, la prefiero para roles dramáticos. Ernesto Bauer como Dr. Falke brindó la mejor prestación que he visto de este artista. Cantó con total corrección, se movió con gran desenvoltura durante todo el tiempo que estuvo en escena y hasta bailó con notable facilidad. Siempre me ha parecido un cantante correcto pero algo “acartonado”, aquí mostró total soltura y compuso un personaje sumamente creíble y una figura adecuada. Solo espero que siga en esa línea. Griselda Adano como el Príncipe Orlofsky unió buen canto a un excelente desempeño actoral, logrando hacer totalmente creíble su papel, cosa que no es fácil. Muy buenas prestaciones del resto del elenco como así mismo del Coro, que cantó y actuó en forma muy positiva. Un párrafo especial para la sorpresiva Gala en la fiesta del Príncipe Orlofsky. Fue absolutamente placentero ver a un artista de los quilates de Gui Gallardo cantando la Serenata de Mefistófeles del Fausto de Gounod, a Darío Schmunck, quien con gran línea de canto se lució la bella aria de Martha de Flotow, pero sobre todo la sorpresa de ver a Soledad de la Rosa, una de las mejores voces de nuestro medio, cantar con onda emoción el tango “Nostalgias”, llevándose la mayor ovación a telón abierto. Un brillante cierre de temporada, donde se vio claramente el trabajo y la dedicación brindada. Bravo! Y que sea un adelanto de lo que podemos esperar de la temporada futura. Dr. Alberto Leal Fotos: Liliana Morsia |
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| Fedra |
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FEDRA
Ópera comisionada por el Teatro ColónMúsica de Mario Perusso , Compositor residente del Teatro Colón Libreto de Marcelo Perusso Estreno Mundial
Función del 26 de Octubre de 2011, Teatro Colón de Buenos Aires BUENAS NUEVAS Asistir a un estreno mundial es siempre un acontecimiento y más aún si se trata de una ópera argentina.La creación lírica nacional resulta siempre una rareza y debe luchar con las prevenciones de un público remiso a valorar lo propio y a Teatros que por lo menos resultan en exceso cautos a la hora de programar títulos de nuestros creadores. Las razones pueden ser diversas y no faltarán quienes cuestionen hasta dónde es posible la creación de óperas “nacionales” o al menos hasta dónde llega ese calificativo. Por mucho tiempo se asoció lo nacional sólo a piezas de inspiración folklórica y se condenó a un segundo orden a aquellas que presentaran una orientación más internacionalista considerándolas meros remedos, demasiado cercanas a corrientes ajenas a nuestra identidad. Marechal solía decir que el Arte argentino habría alcanzado su madurez cuando fuera capaz de mostrar algo tan internacional como una rosa pero haciéndolo como sólo un argentino pudiera hacerlo, con una mirada así de propia, así de única. Pareciera que el Maestro Perusso ha seguido por esa senda al recurrir para su última creación lírica a una de las historias míticas más conocidas y más consustanciadas con la cultura de occidente, la historia de Fedra. Esta mujer y su tragedia nos remite ineludiblemente a la Grecia antigua que le dio origen, pero también a las miradas que sobre ella nos brindaron los franceses, de Racine en adelante, y los italianos, por sólo citar dos casos. Pocos personajes mitológicos llegaron a nosotros a través de un prisma tan cosmopolita y tal vez ese cosmopolitismo sea una de las características más propias de los argentinos. De allí que hablar de Fedra es hablar del personaje en una ubicación espacio temporal precisa, pero también es una manera de hablar de nosotros mismos y del hombre y la mujer en general rodeados de sus dramas y agonías. La obra que subió al escenario del Colón tiene diversos aciertos partiendo de una lograda estructura dramática, no siempre acompañada por el texto que en algunos puntos se vuelve demasiado retórico, pero que sabe generar una progresión de la acción que se desarrolla sin fisuras y nos lleva a una conclusión no por previsible menos estremecedora. A este basamento literario el Mtro. Perusso supo nutrirlo con una partitura que resulta interesante en general y espléndida en varias de sus escenas clave. Sin caer en el atonalismo pleno, el compositor sabe moverse con una libertad que, sin embargo, no desdibuja la esencia de la concepción musical. La modernidad del planteo no es un dogma sino un medio. No rehuye los momentos líricos como tampoco las pinceladas expresionistas. Sabe lograr que la música cobre un protagonismo revelador en escenas donde se vuelve la cronista de los sentimientos y sensaciones de los personajes más allá del texto (algo así como lo que nos planteaba Wagner ) y si un reparo pudiera hacérsele es que ese nivel de logro no siempre se mantenga a la misma altura. La puesta que hemos apreciada resultó en todo sentido inspirada. No hubo detalle sin tener en cuenta y cada elemento utilizado se puso al servicio del todo con tal nivel de belleza y coherencia que no podemos menos que decir: Bravo! La escenografía estupendamente iluminada creó el ámbito referencial propicio para el desarrollo de la acción lo mismo que el vestuario que, sin pretender recreaciones historicistas optó por aludir y acentuar la modernidad de los clásicos que no pierden vigencia.Otro acierto fue la coreografía que se lució en algunas escenas e intermedios. En lo referente a los cantantes hemos visto un aceitado trabajo en equipo para una obra que presenta parejas exigencias a protagonistas y co-protagonistas los que supieron estar a la altura de las dificultades y salieron airosos del desafío. Alejandra Malvino creó una Fedra deslumbrante, plena de una dramaticidad que fue in crescendo conforme se desarrolló el drama al que sirvió con una voz rica, pareja en todo el registro, de clara dicción y segura emisión. Inolvidables su escena final del I° Acto, la escena con Aricia en el II° Acto y el monólogo final que cierra la obra. El Hipólito de Marcelo Puente fue interpretado con acierto y cantado con una voz que superó una tesitura que se vuelve por momentos cruel. Su limpio fraseo, su caudal y su timbre resultaron armas de buen cuño para darle carnadura al héroe. Haydee Dabusti interpretó una nodriza interesantísima. Segura en los agudos, incisiva en la lectura del texto, con una voz que corre sin fisuras y una vena dramática cada vez más refinada. Su presencia fue sinónimo de calidad. En el rol de Teseo, Leonardo Estévez mostró sus méritos y supo sacar provecho a escenas que corren el riesgo de volverse anodinas si no se las trabaja a conciencia. Daniela Tabernig lució en Aricia su espléndido timbre, su registro parejo, su línea llena de matices y se confirmó una vez más como una de nuestras mejores sopranos. Muy bien Florencia Machado y Alicia Alduncín como Selene y Hécate, y otro tanto puede decirse de Gustavo Feulien. La Orquesta Estable tuvo una noche digna de sus méritos y respondió a la dirección del compositor con eficiencia y talento. Un nuevo título se suma al patrimonio musical argentino, un elenco de artistas nacionales de primerísimo nivel que merecen un lugar cada vez más destacado y un reconocimiento acorde a sus méritos, una puesta que hizo gala de buen gusto… Comprenderás lector que tengamos esperanzas en nuestro arte ante tantas buenas nuevas… Por el Prof. Christian Lauria Para www.operaintheworld.com
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